JORGE FRANCO ABRE UNA VENTANA ENTRE DOS MUNDOS

Foto. Isabel Uribe
Jorge Franco. Foto. Isabel Uribe Moya

Había una vez… o Cuentan los que cuentos cuentan… Así podría comenzar la última novela de Jorge Franco, dedicada a su pequeña hija Valeria. Así podría comenzar si se tratara sólo de una historia de princesas, castillos y seres fantásticos como los almirajes, pero El mundo de afuera es mucho más, aunque sus orígenes remotos estén a más de cuarenta años de distancia, cuando la realidad desconocida del interior de un castillo, en pleno Medellín, despertara la imaginación del autor en su niñez.  El mundo de afuera es una inusual mezcla de fantasía y estremecedora realidad de la que emergen historias de amor y violencia en una ciudad que se asoma a la época maldita de la guerra del narcotráfico.

Con la garganta afectada y el cansancio que deja el vuelo de 10 horas que lo trajo desde Colombia, Jorge Franco arranca en Madrid la gira de presentación de su libro tras ganarse el XVII Premio Alfaguara. Sonríe para las fotografías y, mientras bebe un café, responde mis preguntas, muchas preguntas para un corto encuentro compartido con colegas de otros medios.

HISTORIA DE OBSESIONES.

La trayectoria literaria de Jorge Franco despega con fuerza hace dieciocho años con el libro de cuentos Maldito amor, tres años después llegó la inolvidable Rosario Tijeras y luego Paraíso Travel, Melodrama y Santa suerte, entre otras historias que siempre han girado alrededor del amor que cambia con la época y con la edad. Ahora, El mundo de afuera explora los laberintos de los amores obsesivos.

Esta puede ser una novela sobre un secuestro, sobre el amor y la muerte, pero realmente es una novela sobre las obsesiones y hasta donde nos pueden llevar. Hablemos de esas obsesiones.

“La novela tiene un impulso real que es el secuestro de un hombre, del cual yo era vecino, un hombre que vivía a la usanza de otros tiempos, en un castillo europeo en medio Medellín. Esa que para mí era una época feliz, tranquila, de pronto se ve sacudida por este hecho, inusual hasta ese momento, y esa ciudad idílica, paradisíaca, donde no pasaba nada comienza a transformarse. Conservé ese hecho en la memoria durante décadas y sólo ahora, en estos años en los que, con mi hija, he estado inmerso en la literatura infantil, me despertó ese recuerdo del castillo que yo viví de niño y de ahí la obsesión de contarlo. Esa es la primera de las obsesiones que van alrededor de esta historia. Está la obsesión de don Diego por su hija, un padre que cree que dándole ese castillo le está dando todo, y luego está la obsesión de alguien que mira desde afuera ese mundo y que se obsesiona también con esa pequeña princesa para tenerla de otra manera.”

¿Es también una obsesión de Jorge por Medellín?

“Bueno, yo no sé si llamarlo obsesión, pero sí es una recurrencia, Medellín siempre está en mis historias, aunque vivo en Bogotá hace más de 20 años. La distancia me permite tener una visión mucho más panorámica de lo que sucede en la ciudad, pero el mismo hecho de estar en Colombia me permite sentir ese día a día que es una montaña rusa, que te confronta a diario con todo lo que pasa y que te mueve de extremo a extremo en los sentimientos.”

MUSEO EL CASTILLO MEDELLÍN
MUSEO EL CASTILLO MEDELLÍN foto tomada de: http://discoverytumundo.blogspot.com.es/2012/11/destino-medellin-colombia-en-sus.html

 “JALAR LA PITA” PARA CREAR PERSONAJES

Gran parte de la magia de los personajes creados por Jorge Franco está en sus contradicciones, en la manera en que se cuestionan sus sentimientos y sus relaciones con otros. Son personajes pintados en gamas de grises que se enfrentan a situaciones límite, donde sus miedos, debilidades, sueños y frustraciones salen a flote.

En algún momento le escuché decir que para usted la construcción de los personajes llega a ser más importante que la misma historia.

“El personaje de cualquier novela es quien te lleva, como lector, a pasear por una historia. Yo creo que si tienes un personaje sólido puedes arriesgarte más con la historia. Puedes incluso tocar la historia más inverosímil, pero si el personaje te convence a seguirlo, vas a ir con él  hasta el final.”

¿Cómo construye esos personajes tan de carne y hueso?

“Trato de llevarlos adentro siempre, cuando estoy en casa, cuando duermo, cuando leo, cuando viajo, llevarlos y pensarlos y mirar también en los demás y en las otras lecturas, en todo lo que me pueda aportar algo. Creo que la parte más importante sucede en la misma escritura, cuando algo pasa que de pronto te da una luz. Por ejemplo, con el ‘Mono’ que era un jefe de banda, un hombre rudo, lo pongo a vivir con su madre, ella le habla fuerte y comienza a exigirle: ¿por qué no vino?,  ¿por qué se va? y por qué tal cosa… y esa sumisión ya me dio una luz muy fuerte sobre ese personaje. Van apareciendo esas cosas que lo hacen crecer, y no se trata tampoco de llenarlo de información ni de características especiales. El ‘Mono Trejos’ fue un personaje real, un delincuente dedicado al robo de bancos que luego incursionó en el secuestro, pero no hay mucha información sobre él, sólo lo que dice la prensa de la época. Yo busqué  y  supe que nunca se casó, no tuvo hijos, y  supe también que a la cárcel sólo iban a verlo muchachos. Cuando me cuentan eso, empiezo a jalar esa pita  para ver qué sale de este personaje y nace el ‘Mono Riascos’.”

Usted describe muy poco a sus personajes, casi nada. Los pone a hablar para que los conozcamos

“Tú conoces a la gente por cómo habla, por la voz, por lo que dice, hay personas que con dos o tres frases te dan toda la información y eso es clave en la literatura y además es una herramienta que alimenta mucho. Cuando habla el personaje, cuenta cosas, pero al mismo tiempo puede darle al lector información de su pasado.”

Diego Echavarría y su esposa fueron personajes muy significativos en la sociedad de Medellín, no eran simplemente personas con dinero. ¿Cómo se acerca a esas personas reales para convertirlas en personajes de una novela que no pretende ser biográfica?

“Lo que hice fue bajarlos del  pedestal, sacarlos del museo, de esos cuadros donde están en retratos e intentar darles una voz, un alma. Esto me ha costado mucho, pues las directivas del museo, que hoy funciona en EL Castillo, cancelaron la presentación del libro, que se haría allí, tan sólo dos días antes del evento, argumentando que el contenido de la novela no hace justicia a los personajes reales, sobre todo al de Dita, en lo que tienen que ver con su comportamiento, pues aseguran que era una mujer ‘intachable de una moral muy Integra’. Entre todo lo que investigué no encontré un solo documento que de fe de un matrimonio entre ellos, no hay una sola fotografía, ni un testimonio. Diego llega a Colombia con esta mujer, la trata como una reina, le tiene una casa grande y todo, pero tampoco la muestra a la sociedad… Por su parte Diego, según me contaron sus parientes, era un joven bohemio que en Europa llevaba una vida de trago, bares y mujeres. Creo que eso fue lo que no soportaron los directivos del museo. Pienso que nadie tendría derecho a blindar a personajes que tienen una trascendencia en la historia de un lugar. Lo que sí creo es que hay que acercarse con respeto y ese respeto incluye todo el proceso investigativo, por eso, con ellos si me atreví a poner sus apellidos, algo que no hice con el Mono porque yo no tenía esa autoridad para hablar de él, Del Mono Trejos sabía tan poco que dije: No, voy a crear un personaje diferente.”

Así, sin los límites impuestos por los vestigios de una sociedad pacata y puritana, lejos de los prejuicios tan ajenos a la creación literaria de calidad, distantes de clichés que dividen el mundo entre buenos y malos estos dos magníficos personajes -Don Diego y el Mono- según el escritor “van cumpliendo su destino trágico, muy al estilo de la tragedia griega. Cada uno se va necesitando para complementarse, uno como víctima, el otro como victimario y al final en un momento están juntos viendo un amanecer y los dos saben que cada uno tiene que cumplir con lo que el destino ha dispuesto.”

En las anteriores novelas de Jorge Franco las mujeres llevan las riendas de la trama, esto no es gratuito si pensamos que el escritor creció rodeado de mujeres (su madre, sus hermanas, tías y las amigas de todas ellas) que le enseñaron su manera de ver el mundo y vivir el amor. Aunque en El mundo de afuera, como ejercicio literario, decidió que los hombres tendrían mayor protagonismo, el encanto y la chispa femenina también tienen su espacio.

Twiggy tiene un lugar muy importante en esta historia. ¿Ella también tiene su propia obsesión no?

“Twiggy surge como un deseo de involucrar la figura femenina en esta pandilla a la que faltaba un poco de gracia. Yo recordaba de niño a mi madre y a mis tías hablar todo el día de Twiggy que era una modelo que rompió el estereotipo de la belleza en el mundo, era baja de estatura, tenía el pelo muy corto y usaba un maquillaje muy particular en sus ojos, entonces pensé que si Twiggy estaba en boca de todos pues iba a estar en boca de esta mujer que quiere parecérsele. Es una constante en todas las épocas de la historia donde siempre hay unos estereotipos de mujeres y muchas quieren copiarlas como Sofía Loren o Brigitte Bardot.”

Poco o nada se ha hablado de su presencia en el libro, pero es compañía inseparable del Mono Riascos. El poeta antioqueño Julio Flórez, o mejor aún sus poemas, le sirven para poner palabras al amor que siente por Isolda, niña del castillo, hija de don Diego. Presente como un velo que cubre la novela, el poeta rechazado a finales del siglo XIX por sus contemporáneos y luego coronado como poeta nacional, también sirvió de inspiración para el título con el que la novela se presentó al concurso: Aquel monstruo indomable, así llamaba Julio Flórez al amor.

FANTASÍA, COMEDIA Y  HORROR

Que las novelas de Jorge Franco hayan tenido tanto éxito al ser adaptadas al teatro o al cine, cuenta también buena parte de su trayectoria literaria. Siempre quiso contar historias (no en vano, de niño contemplaba aquel Castillo y soñaba con hacer allí una película de miedo), pero lo intimidaba un poco la idea de hacerse escritor. Estudió primero cine y al escribir guiones fue ganando confianza hasta convertirse en un novelista con múltiples reconocimientos fuera y dentro de su país. Por esto no extraña que la escritora Laura Restrepo se refiera así a la novela: “Entre la fantasía y la truculencia, entre los hermanos Coen y los hermanos Grimm, El mundo de afuera es una deliciosa sorpresa.” o que Sergio Vila-Sanjuán diga: “Fascinante y sorprendente. Arranca como un cuento de hadas y termina como una película de Tarantino.” Este último concepto lo relaciona Franco con la metáfora que muestra en su libro, con lo que le pasó a Medellín, que dejó de ser un paraíso para convertirse en una pesadilla. Tampoco es raro que el novelista ya tenga agendada una cita con representantes de una importante empresa productora a su regreso a Colombia.

Entre el horror del secuestro y la inocencia de un jardín encantado también hay situaciones muy divertidas al interior de la banda de delincuentes e incluso de la policía. ¿Cómo une todo esto?

“He tratado de mantener en mis historias, que manejan situaciones fuertes y violentas, un equilibrio, que lo logran el humor y el amor, así quito un poco de tensión a los otros elementos que considero fuertes. Como lector, me agobian las historias completamente oscuras, entonces creo que es un gesto con el lector, para que esboce siquiera una sonrisa porque así es la vida también. Por otro lado, en esta novela miro desde el presente la violencia y la delincuencia en los años 60 y 70. Comparado con lo que llegó después a Medellín, esto era un cuento de niños. Mirado desde la distancia es hasta cómico. Yo revisaba la prensa de la época y la mayoría de los delitos eran asaltos a bancos, robos a casas, uno que otro crimen pasional, pero luego pasamos a vivir una pesadilla donde ya surgió la peor muestra de la crueldad humana, diría yo, en la misma ciudad.”

Ya escribió el “antes” de la época del narcotráfico en esta novela, y el “durante” en Rosario tijeras. ¿Escribirá lo que vino después?

Pues he tenido la tentación. Han pasado veinte años y siento que no hemos aprendido la lección que nos dejó esta época nefasta de que hay errores que no pueden repetirse, y hay una nueva generación ahora a la que ves con un comportamiento muy similar, sobre todo  con una mentalidad de dinero fácil que, yo creo, es el peor legado que dejó el narcotráfico. Sería bueno que yo pudiera contar una historia para explorar estas últimas décadas. Ojalá.”

PUBLICADA EN:

LAS DOS ORILLAS (COLOMBIA) JUNIO 11 2014

http://www.las2orillas.co/la-historia-novelada-del-heredero-de-coltejer-y-su-hija-isolda/

REVISTA SUBURBANO (MIAMI) AGOSTO 19 2014

http://sub-urbano.com/jorge-franco-abre-una-ventana-entre-dos-mundos/

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